Ecologistas y cazadores de ballenas se enfrentan en la Antártica

Tripulantes de barcos japoneses están empeñados en cazar más de mil, entre ellas medio centenar de yubartas, especie que todos los años llega a Colombia a dar a luz a sus crías. A esta hora, balleneros japoneses y sus 'enemigos' ecologistas están librando en los mares de la Antártica una guerra a muerte por el control de las ballenas. Los primeros por cazarlas y destajarlas para venderlas en los mercados nipones, y los segundos por preservar la vida de los cetáceos, a punto de extinguirse. Y por el momento, la muerte está ganando la mayoría de batallas. Las naves niponas, con fines supuestamente científicos y en una actividad ilegal (ver recuadro), están empeñadas en cazar mil ballenas minke, 50 ballenas de aleta y 50 ballenas jorobadas o yubarta, muchas de ellas avistadas en las costas del Pacífico colombiano entre agosto y octubre pasado, época en la que llegaron a dar a luz a sus crías. Pero los barcos ecologistas están empeñados en aguarles 'la fiesta' y evitar que le den un nuevo impulso a la desaparición definitiva de los cetáceos, que además de dejar dos mil millones de dólares en jornadas de avistamiento en todo el mundo -según el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW)- son clave para regular el clima del planeta porque contribuyen a la formación de plancton, un conjunto de organismos capaz de capturar más dióxido de carbono que todos los bosques de la Tierra juntos.Una de las primeras víctimas de esta confrontación fue la lancha rápida 'Ady Gil' de la organización ecologista estadounidense Sea Shepherd, que se hundió la semana pasada luego de sufrir el acoso del ballenero 'Shonan Maru 2'.Una escena que no es nueva y que se repite desde 1988, año en el que Greenpeace llevó a cabo su primera misión en la Antártica para impedir las actividades de los balleneros, que comienzan a aparecer en el Polo Sur en diciembre y recorren el 'continente' helado hasta finales de enero. Desde entonces, los pesqueros nipones y los barcos conservacionistas se enzarzan en batallas con disparos hechos con cañones de agua, se lanzan bombas fétidas a la cubierta y maniobran para intentar bloquear el paso del rival, llegando en casos a colisionar. Como le ocurrió al buque Nisshin Maru, que embistió en enero del 2006 al barco de Greenpeace Arctic Sunrise cuando navegaba con 25 activistas a bordo.Por su parte, el año pasado el gobierno australiano vigiló a los japoneses desde el barco 'Oceanic Viking' para confirmar que la caza no es científica.En esto coincide Milko Schvartzman, de Greenpeace-Argentina, quien le explicó a EL TIEMPO que esta matanza se realiza con una fachada erudita, pero se sabe que tiene un interés estrictamente comercial."La matanza no genera ningún resultado para la ciencia que no pueda obtenerse mediante metodologías no letales y la carne obtenida termina siendo comercializada en el mercado interno japonés, en violación a la moratoria vigente sobre la caza de ballenas que rige a nivel mundial desde 1986". Fuente: eltiempo.com