Hay 2.705 establecimientos que generan al año 215 mil toneladas de residuos peligrosos en el país

Por: JAVIER SILVA HERRERA, REDACCIÓN VIDA DE HOY, EL TIEMPO.COM
Siempre que se habla de ellos, también conocidos como Respel, lo primero que llega a la mente de muchos son los desechos hospitalarios -jeringas, catéteres y bolsas de suero- que han sido arrojados en cualquier sitio ante la dificultad que existe para destruirlos. Esta situación fue la causa de una serie de escándalos en el 2008, cuando aparecieron a la intemperie y dentro de zonas pobladas de Atlántico, Valle, Boyacá y Nariño elementos de uso clínico que ya habían sido utilizados. Pero la cantidad de Respel que aporta el sector hospitalario es apenas un capítulo de una historia mucho más dramática, protagonizada por otros elementos infecciosos, corrosivos o radiactivos, que surgen de procesos industriales, pero que no es muy claro a dónde van a parar o cómo se están destruyendo. Cifras preliminares sobre esta amenaza están dentro de un reciente estudio del Ideam, que identificó por primera vez -en una autodeclaración- la existencia en el país de 2.705 establecimientos que generan al año cerca de 215.000 toneladas de estos desperdicios, entre ellos, residuos de antimonio, berilio, cadmio, litio, plomo, mercurio, selenio, telurio y talio, entre otros, que si no se destruyen adecuadamente representan una amenaza para la salud de las personas y los recursos naturales. El sector de hidrocarburos es el que más aporta residuos peligrosos (en el proceso de exploración y extracción), según los datos recopilados. Pero también figuran la fabricación de partes para vehículos; la extracción y aglomeración de hulla (carbón de piedra); la fabricación de productos metálicos para uso estructural y de pilas eléctricas, al igual que la eliminación de aguas residuales. Estos sectores productivos generadores de residuos peligrosos están distribuidos por todo el país. Tal vez no hay una región que se salve de tener cierto tipo de impacto, aunque la mayoría se encuentra en el Eje Cafetero, Tolima, Cundinamarca, Boyacá, Valle del Cauca, Atlántico, Cesar y en los Llanos Orientales. Gran parte de ellas están en peligro no solo por la generación de la basura, sino por su transporte informal, que las ha llevado a vivir graves emergencias, como la ocurrida en agosto del 2008, cuando cayeron al río Magdalena 96 canecas con cianuro, una sustancia que se iba a utilizar en minería en el sur de Bolívar. Efectos de las sustancias. Estos elementos también se vuelven peligrosos porque muchos de ellos son enterrados para lograr su eliminación, hecho que los pone muchas veces en contacto con agua subterránea que surte aljibes y acueductos. Por ejemplo, el cadmio presente en una batería de celular puede contaminar 150.000 galones de agua. El mercurio es cancerígeno. El plomo puede dañar el sistema nervioso, los riñones y el sistema reproductivo. Y la intoxicación por litio puede producir fallas respiratorias y daños cardiacos. Esta cantidad de residuos peligrosos detectada puede verse de dos maneras opuestas: una positiva, al saber que son el primer resultado que arroja la creación de un Registro de Generadores de Desechos, que está en construcción y permitirá en el futuro tener una radiografía completa de este 'cáncer'. Pero a la vez demuestra que es sólo la punta de un problema que el país no ha mirado en su totalidad. Tanto así que el Ideam explica que a la fecha muchas de las autoridades ambientales del país están aún en el proceso de implementación de un conteo que permita saber cuánto Respel están produciendo. Es tal vez una reacción, no se sabe si tardía, a los llamados de la Contraloría y la Defensoría del Pueblo, que advierten: "las secretarías de Salud y los ministerios de Ambiente y de la Protección, y la Superintendencia de Transporte están fallando en la vigilancia sobre el manejo y transporte adecuado de este tipo de desechos que amenazan la salud y dañan zonas de alto valor ecológico". Pocos tienen plan de desechos hospitalarios. Para la Procuraduría, el manejo de los desechos peligrosos en Colombia, y sobre todo de los hospitalarios, es preocupante porque no existen protocolos para la administración de estos residuos. Según un análisis que se hizo con 34.256 entidades de 165 municipios, en los 32 departamentos, se encontró que sólo 4.692 tiene un plan de residuos hospitalarios, es decir, el 13 por ciento. También quedó claro que no hay coordinación entre autoridades sanitarias y ambientales para ejercer control sobre las instituciones que manipulan este tipo de residuos. Tampoco hay planes de cierre ni de intervención para enfrentar los problemas sanitarios o ambientales que puedan causar estos residuos. El 65 por ciento de las entidades de salud inspeccionadas por la Procuraduría no realizan un pretratamiento de residuos peligrosos antes de vertirlos al alcantarillado, y más de la mitad de ellas, el 58 por ciento, no usan los protocolos adecuados para almacenar los residuos. El 59,6 por ciento de los vehículos usados para el transporte de los residuos no reúnen las condiciones. Son pocas las empresas que prestan este servicio y en algunos municipios ni siquiera existen. Persiste el temor en el Copey. Durante años estuvieron en Caracolito, en El Copey (Cesar), cerca de 160 toneladas de químicos que se utilizaban en el cultivo de algodón, y sus habitantes señalaron que la presencia de los tóxicos era la causa de los casos de cáncer, malformaciones y hasta de muertes de animales. Hoy, varios meses después de que los residuos fueron extraídos y llevados a Europa para su destrucción, no ha cambiado mucho la percepción. Pedro Anicharico Eljure, secretario de Gobierno de El Copey, le dijo a EL TIEMPO que la gente sigue atemorizada porque el terreno no se ha "descontaminado". Y aunque esa área está encerrada y se prohibió el acceso, según el funcionario, no se ha realizado un estudio del nivel de contaminación y la afectación que puede tener para la población. "Es necesario que expertos evalúen la situación, porque ese mal no ha sido erradicado", afirmó Anicharico, quien insistió en que en la zona pueden existir más canecas.