Bogotá, Colombia: El humedal de La Conejera resucitó de entre los escombros

Después de ser un basurero de piedras y concreto, hoy es un sitio ideal para el avistamiento de aves y el turismo ecológico. Ochoa se lanzó al suelo, haciendo la veces de 'policía acostado', para frenar el avance de la primera volqueta del día. Se estaba jugando la vida en un momento de rabia e impotencia, al ver como otra carga de escombros estaba a punto de ser lanzada entre los árboles.Como si estuviera al al mando de una batalla definitiva, motivó a otro grupo de sus 'hombres' a instalar una barricada que frenara el paso de los carros. Y a otros, para les lanzaran tachuelas. Los vecinos de Suba, en el occidente de Bogotá, le acababan de declarar la guerra a los constructores que un día, sin pedir permiso, escogieron el humedal de La Conejera para arrojar allí las piedras, el concreto y todos los residuos que dejaba su afán por urbanizar el sector. Era un día cualquier de octubre de 1993. Cuidar el medio ambiente no estaba de moda y tampoco daba titulares de prensa. Pero ellos se habían dado cuenta de que lo que tenían allí, en su barrio, a la vista de sus viviendas, no era un basurero en potencia, sino el hogar de muchas especies vegetales y animales, algunas de ellas únicas en el mundo. "Al día llegaban más de 100 volquetas a botar su carga en el humedal", dice Ana María Niño. La gente recuerda que los choferes les quitaban las placas a los camiones para que no los identificaran. Y no olvidan que los constructores les decían que si los dejaban tranquilos, les instalarían canchas de tenis.La pelea paró en 1995, cuando los vecinos, al crear la Fundación Humedal La Conejera, lograron blindar el lugar a través de todos los recursos legales posibles, diseñados por abogados titulados y por otros expertos en leyes que brotaron espontáneamente entre la comunidad a fuerza de leer y leer toda la legislación ambiental que caía en sus manos. Acababa de nacer uno de los ejemplos de conservación ambiental más destacados del país, en el que hoy están involucrados más de 25 colegios de la zona y todo el barrio Compartir, donde habitan más de 15 mil personas."De una escombrera, pasamos a tener un zona de reserva con 114 especies de aves y 7 de mamíferos. Un pequeño laboratorio en el que los niños aprenden a conservar la naturaleza", agregó Niño. Luego de reforestar el lugar con dineros de organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), Ecofondo y Conservación Internacional (CI), y de recibir la ayuda de la alcaldía local y de la Empresa de Acueducto (EAAB), las familias se encargaron de adoptar los árboles, que cuidaban hasta de las heladas tapándolos con bolsas plásticas. Con el bosque recuperado, los curíes volvieron, así como las tinguas de pico rojo y azul. Basta caminar por el lugar para escuchar sus cantos y ver otras aves como la monjita bogotana. Su rehabilitación ha llegado al punto de que el Instituto Distrital de Turismo (IDT) lo incluyó como uno de los dos mejores humedales de la ciudad para avistar aves, según informó Ángel Guarnizo, del área de turismo de naturaleza del IDT. La Conejera es uno de los 12 humedales que le quedan a Bogotá, sitios que han sido llamados como los 'riñones de la Tierra'.A comienzos del siglo pasado había 50 mil hectáreas de estos ecosistemas en la capital. Hoy no quedan más de mil. La situación en Colombia no es menos crítica, donde se han pérdido más del 20 por ciento de ellos. Pero aún resiste amenazas, como los vertimientos ilegales de aguas negras y la posible construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO), que pasará por uno de sus costados transformada en un puente.Lo que más preocupa es que la congestión y el paso de los vehículos de carga acabe con la paz que se respira en sus 7474 hectáreas. La lucha para que esta obra genere el menor impacto posible sobre la fauna aún está viva. Y ganarla está en las cuentas de los vecinos de Compartir. Fuente: eltiempo.com