Bogotá Colombia: Temor biológico por demolición de aeropuerto Eldorado

Aunque aún no empieza en forma, la demolición del aeropuerto Eldorado amenaza con convertirse en un enemigo letal e invisible. El mismo que, casi una década después de los atentados del World Trade Center, sigue ocasionando muerte y esparciendo el terror en Nueva York. Al menos cinco bomberos y policías que entonces hicieron parte del servicio de rescate y limpieza, y que estuvieron en la llamada zona Cero, han muerto en los últimos 6 meses, según reportó el diario inglés The Guardian y reprodujo su homólogo La Nación, de Chile. El diagnóstico en todos los casos ha sido el mismo: enfermedades relacionadas con cáncer, producto, en su mayoría, de la bruma tóxica en medio de la cual los uniformados trabajaron durante meses. El mayor riesgo en el ambiente, creado por la mole de 1,8 millones de toneladas de escombros, lo aportaron las cerca de mil toneladas de asbesto que se utilizaron para la construcción de las Torres Gemelas, el mismo material del que está construido el techo del aeropuerto Eldorado. El asbesto es un mineral fibroso altamente resistente al calor. No se evapora al aire ni se disuelve en agua. Las fibras pequeñas pueden permanecer suspendidas en el aire por mucho tiempo y ser transportadas largas distancias por el viento y el agua antes de depositarse. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), respirar las diminutas fibras ocasiona que el material se aloje en el sistema respiratorio y ocasione, al menos una década después, enfermedades respiratorias y asbestosis. Una verdadera ’sopa’ tóxica se respiró en Nueva York después de los atentados. Esta última es una enfermedad relacionada con el cáncer de pulmón o laringe, incluyendo mesotelioma, el más maligno de los tumores causados por el trabajo, según un comunicado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De acuerdo con esa entidad internacional, unas 100 mil personas mueren cada año a causa de la exposición al asbesto. El mal provocará la muerte de al menos 15 mil personas en los próximos 5 años en Japón, y más de 100 mil personas en Francia en los próximos 20 ó 25 años. Claro está que la industria ha evolucionado y hoy, según el gremio empresarial, la mayoría del asbesto que se comercializa viene con mezclas de resinas y otras sustancias que evitan la volatilización. No obstante, el material ha sido prohibido en la mayoría de países de Europa y en algunos de Latinoamérica, como Chile y Argentina. El mayor peligro está en el asbesto que se instalaba anteriormente. Ese debe ser removido o neutralizado por sus propiedades peligrosas, con protocolos estrictos de seguridad. En Colombia, toneladas del material sin ningún tratamiento se encuentran en techos de residencias, bodegas, comercios e industrias. ¿Una tragedia anunciada? Luego del estudio de la Universidad Nacional que conceptuó que el edificio viejo de Eldorado debía ser demolido y no remodelado, entre otras razones porque se constituiría una estructura obsoleta y antisísimica, todo pareció ser buena noticia. El concesionario Opaín firmó un otrosí con el Gobierno Nacional en el que se compromete a realizar las obras de demolición y de construcción de la nueva terminal en un plazo que no superará el año 2014. Mucho se ha oído sobre los criterios técnicos para la construcción, pero es muy poco lo que se ha dicho sobre la demolición. La verdad es que la buena nueva para la terminal aérea más importante de Colombia puede ser vista también como una tremenda amenaza para el medio ambiente y la salud pública de no considerar estrictas medidas. Pese a que todavía no se ha empezado a tumbar el edificio central, el plato fuerte del contrato, Opaín ya tiene antecedentes de un pobre manejo ambiental en otros frentes de obra de Eldorado, sobre todo en la disposición de los escombros. Eso, mezclado con la casi nula normatividad sobre demoliciones existente en Colombia, conforma un coctel letal. De acuerdo con el secretario distrital de Ambiente, Juan Antonio Nieto, técnicos de ese despacho hallaron irregularidades del concesionario como derrame de lubricantes y aceites, contaminación de aguas y suelos por escorrentía y filtración, presencia de residuos en el frente de obra, ausencia de brigadas de limpieza, inadecuado almacenamiento temporal de materiales y residuos, lavado de mezcladoras en los frentes e inexistente clasificación de los residuos según su tipo. A la lista, en una segunda visita un mes después, los técnicos sumaron mezcla de escombros con material residual, uso de residuos sin clasificar para nivelación de terrenos, colmatación de sistemas de drenaje y proliferación de vectores. Aunque graves, esas faltas pueden considerarse menores frente a la necesidad estricta de desmontar (en vez de demoler) la gran cantidad de asbesto del Aeropuerto sin fraccionarlo, para luego disponerlo con todos los protocolos de seguridad que eviten la liberación de partículas que puedan afectar la salud de los habitantes de Fontibón. Catorce6 intentó insistentemente conocer la opinión del concesionario Opaín, pero pese a más de una decena de llamadas, e mails y mensajes telefónicos, no obtuvo respuesta. Una demolición, como la que se planea hacer en Eldorado, está suficientemente reglamentada en países vecinos como Venezuela o Perú. No obstante, en Colombia, que adhirió al convenio 162 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), que habla sobre la prohibición del asbesto “cuando sea técnica y económicamente posible”, apenas existe un proyecto de resolución que sugiere las normas para manejarlo, pero que resulta muy general y poco vinculante. En otras palabras, no obliga a nadie a hacer nada. El proyecto de resolución fue enviado en 2008 del Ministerio de Ambiente al Ministerio de la Protección Social donde se encuentra desde entonces esperando su concertación definitiva. Además, no existe tampoco una amplia difusión del riesgo para el consumidor final, que termina siendo el mayor expuesto. Las tres iniciativas que se han presentado para prohibir el asbesto en Colombia, han muerto en el Congreso. Para Guillermo Obando, uno de los directivos nacionales de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), hay muchos intereses que se sobreponen a la salud pública para no prohibir totalmente el asbesto en Colombia. Uno de ellos, es que reemplazar la fibra aumenta los costos de producción y disminuye las ganancias. “Nosotros como opositores al asbesto dejamos de participar de las reuniones mensuales de la Comisión Nacional del Asbesto y otras fibras porque no está en la mente de nadie acabarlo, sino usarlo con más seguridad”. El dirigente sindical añade que está plenamente demostrado que “no hay umbral seguro para manejar la fibra”. Fuente: www.catorce6.com