Colombia: Lo previsible era lo imprevisible

Por: Ricardo Buitrago C. Fuente: El Heraldo.
El Presidente y su ministro Cardona, sin considerar que la causa particular que ocasionó el rompimiento del Canal del Dique en Santa Lucia no ha sido determinada, calificaron el suceso como un hecho previsible que debió detectarse a tiempo. Esa afirmación es, a más de incorrecta construcción semántica, distractora de la realidad que tiende a focalizar responsabilidades en el momento y lugar equivocado, yéndose a la forma, sin mirar el problema de fondo. Es como decir que una muerte pudo evitarse con un chaleco antibalas, sin tener evidencia de que el occiso haya recibido un tiro. El origen principal del desafortunado hecho es obvio fue el invierno, pero lo especifico y determinante del modo, característica, y antecedentes que hubieran permitido evitarlo no se conocen. El dique se rompió en el lugar por donde menos se debía romper, no hay evidencias ciertas del origen de la falla, no hay antecedentes de la misma, ni hay conocimiento de acción vandálica. Sobre el qué y por qué pasó hay solo especulaciones, tesis y conjeturas post suceso, recibidas con estoicismo por el gobernador, Eduardo Verano De La Rosa, que con la dolorosa tragedia a cuestas, lucha con sus colaboradores -primera dama incluida- con diligencia, y sin descanso, soportando frustraciones, adversidades, y desventuras, afrontando una desgracia, que más que eso es una lección a una Colombia que debería estar apenada con el mundo. Sí, apenada con el mundo escribí, porque, ¿qué este es un invierno fuerte? Claro, es indiscutible, como también lo es que en un país con una riqueza hídrica envidiable en el planeta, año tras año, en forma sistemática, con rigurosa puntualidad, con mayor o menor grado, el agua, de benefactora, se convierte en inclemente destructora. Lo distinto este año ha sido el tamaño del número de los involucrados en el desastre, pero el plato roto por la crecida de los ríos, se paga anualmente en la Costa Caribe colombiana, en donde la miseria estructural pone a los habitantes rivereños en estado de indigencia y así, con la misma periodicidad con que reciben las escorrentías, reciben la indolencia de un país al que poco parece importarles, y cuando con un hecho impredecible, pasa lo que por repetitivo debía considerarse predecible, el gobierno mira sobre el hombro y busca responsables a la distancia, pero sin tampoco aportar soluciones concretas. Al rostro del Gobernador, que ya refleja la angustia, el cansancio y hasta la impotencia, no podemos sumarle el desasosiego de la indiferencia. A Verano, no podemos dejarlo solo, rodearlo es un deber de atlanticenses y de hombres caribes. Los gremios deben jugar un papel importante en las tareas de atención del desastre y sus damnificados, y en la elaboración de la cuenta de cobro con los intereses por abandono e inequidad incluidos, que al Gobierno central deba pasarse para la reconstrucción, rehabilitación y engrandecimiento de la zona afectada. Y como lo primero es lo primero, hago un llamado a empresarios, industriales y comerciantes a vincularse activamente. Los invito a canalizar recursos por conducto del Comité Intergremial, por donde doy fe, llegarán a su destino.