Los obstáculos de la Educación Ambiental

Por Carlos Ruperto Fermín
Fuente: Ecoportal.net
Con la llegada del Año Nuevo y con la partida de los Reyes Magos, el 26 de enero festejamos el Día Mundial de la Educación Ambiental, una hermosa fecha ecológica olvidada por el 99,9% de los hombres y de las mujeres, que recordaron con alegría el arribo del Año Nuevo, y que recordaron con tristeza el éxodo de los Reyes Magos.


A nadie le importa el futuro ambiental de la Madre Tierra, porque nadie recuerda que nuestra existencia, depende de la salud mental de la Madre Tierra. Por desgracia, la Humanidad solo piensa en bombardear el cielo con infinitos cartuchos de pirotecnia, mientras sus ojos se queman con la pólvora nocturna del holocausto mundial.
No hay duda que cada día despertamos con el pie izquierdo, porque NO tenemos la suficiente voluntad de cambio, para caminar a paso firme por los rieles de la Educación Ambiental. Ya sea en Carnaval, en Semana Santa o en Navidad, vamos recorriendo los espacios públicos de nuestras ciudades, para celebrar una serie de fiestas, tradiciones y rituales, que transforman la bondad del Medio Ambiente en un auténtico pandemónium, donde el electromagnetismo de la contaminación va polucionando el agua, el aire, el suelo y los sueños.
Si bien podríamos iniciar el año con el pie derecho, respetando la belleza holística que yace en la geografía de la Pachamama, fuimos programados de fábrica para destruir todos los recursos naturales, y luego fuimos reprogramados para trastabillar en la cornisa de la ignorancia, de la mediocridad y de la indiferencia.
Nunca se nos olvida comer a diario, pero siempre se nos olvida reciclar la basura. Nunca se nos olvida dormir por la noche, pero siempre se nos olvida ahorrar la energía. Nunca se nos olvida vivir la vida, pero siempre se nos olvida meditar en la vida.
Meditar sobre nuestro perverso estilo de vida, implica reconocer la apatía que existe sobre laEducación Ambiental, y para reconocer la existencia de esa clásica antipatía, no hay que gastar una fortuna en clases de yoga, no hay que vestir de blanco durante las 24 horas del día, no hay que contratar los servicios de un trepidante detective, y no hay que gritar aleluya detrás de la ambulancia.
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